“Sonríe o muere” la trampa de pensamiento positivo

A Bárbara Ehrenrich, activista social y ensayista norteamericana, cuando le dijeron que se tomara el cáncer que le habían diagnosticado “como un regalo”, sintió que se había llegado a un límite y respondió a aquella avalancha azucarada escribiendo Sonríe o muere. La trampa del pensamiento positivo (Ed. Turner); un libro en el que pasa revista a la influencia que ha tenido en la sociedad estadounidense la corriente del pensamiento positivo. Casi una nueva religión, que ella califica de dictadura.

Al leer las reflexiones lúcidas de esta pensadora crítica, sentí un soplo de aire inteligente para repensar sobre este concepto del pensamiento positivo y, sobre manera, en cómo se está utilizando.

Como ella explica en el vídeo, tener una actitud positiva ante la vida nos ayuda sin duda a enfrentar dificultades y nos impulsa a buscar fórmulas creativas para salir adelante a pesar de los pesares y con ellos. Sin embargo, es importante hacer una reflexión crítica sobre las diferencias existentes entre la idea original de algo y el uso o manipulación que se puede hacer de esa misma idea con fines de cierta perversión.

Hace poco tiempo, en una sesión de coaching, una clienta me planteaba una situación vital dolorosa y me comentaba angustiada su sentimiento de incompetencia para poder resolver ese conflicto con optimismo. Me decía también, que su entorno insistía en que no vale de nada ser negativa porque se atraen más calamidades. Yo la escuchaba con profunda atención y percibía su sentimiento de frustración por no sentirse capaz de estar bien a pesar de lo que le tocaba vivir.

No debemos confundir, ni confundirnos. Cuando atravesamos vivencias o acontecimientos que nos generan temor, angustia o preocupación, es importante en primer lugar escuchar y aceptar esos sentimientos que forman parte de la reacción humana. Otra cosa diferente es ir viendo cómo podemos aprender a vivir con esa realidad o cómo sortear esos obstáculos para avanzar y no quedarnos enganchadas en la tristeza profunda.

Es lícito sentir rabia, es humano sentir miedo, es lógico sentirnos a la deriva cuando las contingencias vitales nos sobrepasan por momentos. Luego, una vez que las emociones se van encauzando y serenando, vamos pudiendo resolver, pero primero es importante conectar con esa emoción, ser conscientes de que la está pulsando y vivirla como parte integral de nuestro ser humanos.

En este momento por ejemplo, el emprendimiento en general y, particularmente en el caso de las mujeres, se presenta como el “vellocino” de oro para resolver situaciones de desempleo. Pero no podemos caer en la trampa de pensar que todo el mundo que no puede desarrollar un proyecto de autoempleo es un fracasado o incapaz.

No es ético hacer recaer sobre una persona la responsabilidad que debe ser asumida por todo un sistema social, político y económico. Hay múltiples factores que nos condicionan positiva o negativamente y que no podemos resolver desde el individualismo porque resulta necesaria la acción conjunta para transformar aquello que vulnera los derechos básicos de la ciudadanía.

A las mujeres, no se les puede pedir que sean empresarias y emprendedoras exitosas si recae sobre ellas la responsabilidad de las multitareas relacionadas con el cuidado y la gestión doméstica. Es necesario que el Estado organice una red de servicios públicos de calidad para atender a las necesidades de las personas, ya sean menores, mayores o dependientes. Es imprescindible que las empresas introduzcan políticas de igualdad para facilitar un equilibrio entre vida personal, laboral y familiar. Es básico que los hombres asuman su corresponsabilidad en las tareas de cuidado, no para ayudar a las mujeres, sino como parte de su responsabilidad individual como hijo, padre, compañero, hermano…

Tener que estar feliz en condiciones laborales de “semi-exclavitud”, porque al menos tenemos un trabajo, no es más que una estrategia para mantenernos alienados aceptando condiciones que en muchas ocasiones vulneran los derechos básicos.

Debemos desarrollar la capacidad crítica más que nunca. Ser positivas sí, pero con datos de realidad para buscar soluciones individuales y colectivas como fórmula para transformar los límites de opresión en alternativas que posibiliten el disfrute de una vida digna para todas las personas.

Ser positivas es una actitud que nos ayuda poderosamente ante la vida, pero no conviene dejarnos manipular para caer en la confusión pasiva. Ser positiva o resignada son dos cosas diferentes.

No es lógico pensar que los “astros” resolverán aquello que corresponde cambiar a los humanos, especialmente a los que tienen el poder para gestionar lo público de manera que todas y todos, podamos acceder a los recursos necesarios para cubrir las necesidades básicas.

Después, ya podremos empoderarnos y sentirnos muy positivas para enfrentar con optimismo los nuevos retos que debamos transitar. Mientras tanto, lo haremos como mejor podamos.

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