Los recorridos de las emprendedoras: ¿Liebres o tortugas?

El fantástico grupo de mujeres emprendedoras y “muchas cosas más”, que participaron en el taller de coaching que impartí en la Concejalía de Mujer del Ayuntamiento de Tres Cantos.

Taller emprendedoras Tres CantosUn año más impartí el taller de coaching “Autoliderazgo Para Alcanzar tus Metas” programado desde la Concejalía de Mujer del Ayuntamiento de Tres Cantos, dentro de las actividades del 8 de marzo.

Una vez más, me surgen reflexiones o reafirmo percepciones que me gustaría compartir en este artículo.

La edad ¿Inconveniente o posibilidad? Este grupo es reflejo de una inmensa mayoría de mujeres que, en la actualidad, está viendo en el emprendimiento una vía posible para la reorientación profesional y también, como un reto importante en un momento de la vida que suele girar en torno a los 40 años en adelante: atreverse a liderar un proyecto propio que las motiva más allá del lógico temor de iniciar algo propio y nuevo.

¿Y por qué en esa edad? En muchos casos porque se autoafirmaron en sus capacidades y talentos como parte de un proceso personal de crecimiento y empoderamiento vital; en otros, porque a esas edades cuentan ya con un tiempo liberado tras las primeras etapas de maternidad y desean “reinventarse” -concepto tan manido últimamente- tras un período de ausencia en el mundo laboral y, en algunos otros, como alternativa a trabajos poco gratificantes o precarios.

Dicho esto, es interesante tener en cuenta que la edad puede ser un factor que genera más oportunidades que desventajas para las mujeres que apuestan por el autoempleo como fórmula para un desarrollo profesional y económico por cuenta propia: saben mejor lo que quieren, quieren mejor lo que hacen, cuentan con trayectorias profesionales donde apoyarse, tienen recursos valiosos y apuestan por asumir riesgos manejables para dar respuesta a sus deseos e inquietudes.

En el lado de las “sombras” emergen también dificultades comunes y habituales: sortear los obstáculos que acompañan las primeras etapas de la puesta en marcha del negocio. Dificultades relacionadas con la multitarea que conlleva gestionar los múltiples frentes que se entrecruzan: concretar la idea, estudiar el plan de viabilidad financiera, diseñar un plan de marketing, conseguir clientela, contar con un dinero inicial para sostenerse mientras el negocio va tomando forma…

En definitiva, pasar de la idea hacia la concreción de resultados, sin contar con un equipo en quien delegar parte del trabajo. La profesional autónoma tiene que ejercer diversos roles al tiempo y eso genera cansancio, bloqueos y sentimiento de soledad. Por eso conviene revisar la dimensión del tiempo como factor a tener muy en cuenta, primero porque es un hecho objetivo y, en segundo lugar, porque ser conscientes de ello, permite ir diseñando etapas o metas a corto que nos permitan avanzar progresivamente disfrutando en el proceso y no sólo mirando hacia los resultados finales deseados como medida de éxito o fracaso.

Aprender, implica proceso y conlleva tiempo, avanzar supone ir diseñando estrategias a corto y medio plazo que nos vayan acercando hacia ese objetivo final. Durante el recorrido vamos aprendiendo, evaluando y reorientando tácticas a medida que nos adentramos en la vivencia más allá del plan de empresa diseñado inicialmente.

Por eso es importante ser realistas cuando iniciamos un proyecto de emprendimiento y analizar con calma, cómo encajar ese proyecto dentro del “proyecto vital” del momento actual.

Evaluar con qué tiempo real contamos ya que el poner en marcha un negocio, implica tiempo, energías y alta disponibilidad. Sopesar qué tipo de negociaciones habrá que llevar a cabo dentro del entorno familiar para ir reajustando responsabilidades y tareas que antes eran asumidas unilateralmente por las mujeres como parte de los “roles de género” asignados. Analizar los gastos iniciales de inversión y ver si se puede reorganizar la gestión de la economía familiar para destinar una parte a esa inversión inicial como “colchón” de fondo. Obstáculos que suelen condicionar bastante más a las mujeres emprendedoras que a los varones, además de los propios y comunes del emprender.

La soledad durante el camino es otro tema que sale recurrentemente, de ahí que sería deseable buscar fórmulas de Networking desde la cooperación y puesta en común de dificultades, competencias y estrategias, entre mujeres emprendedoras como fórmula altamente positiva que suma para el avance de todas.

¿Y qué se podría compartir? Compartir saberes, sumar redes de contactos, aunar servicios o productos que permitan ofrecer “paquetes integrales” que una sola no podría abarcar, analizar fórmulas y estrategias que funcionaron y resultan operativas para evitar desgastes innecesarios, en definitivamente tejer redes para el autoapoyo personal, profesional y empresarial.

Pero para ello, hay que cambiar la mentalidad que en muchos casos nos lleva a ver a las otras como competidoras más que como aliadas estratégicas. Hay que partir también de la honestidad para evitar la tentación de”puentear” para no confundir competitividad con deslealtad. Hay que priorizar dentro de lo “importante” un tiempo para pararse a repensar en distintos momentos y reevaluar si lo que hacemos, además de hacer y hacer, nos aporta resultados.

Así que quizá nos convenga seguir las tácticas de las tortugas que van paso a paso hasta llegar a la orilla de las playas para desovar, que seguir la fórmula de las liebres que, a golpe de salto y salto, avanzan sin marcarse una dirección enfocada. ¿Paso a paso o a salto de mata?

El coaching grupal es una herramienta muy productiva para dinamizar esos espacios de networking con cabeza y corazón donde poder pararse a revisar los objetivos, reorientarlos si es preciso, establecer las metas ajustadas, diseñar un plan de acción y establecer sinergias productivas y de apoyo mutuo entre mujeres empresarias o emprendedoras.

Al menos, así lo confirmo desde mi experiencia y lo escucho desde el sentir de las mujeres que participan en estos grupo de trabajo y reflexión conjunta.

Carmen Barquín

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