En casa de Silvia: un lugar en las nubes

 

Hace ya un tiempo descubrí un proyecto liderado por una mujer llamada Silvia, que me “llamó” y me pulsó la curiosidad para conocerla personalmente. Cuando digo me “llamó”, me refiero no sólo a lo interesante de la idea en sí, sino y sobre todo, por la forma en que se plasma. Me recordó los salones del XVIII donde las mujeres ilustradas convocaban a personajes de distintas ramas del saber para pasar una velada debatiendo, reflexionando, creando… En definitiva, abriendo espacios para movilizar pensamiento en una interacción productiva y creativa de ida y vuelta entre el yo, el tú y el nosotros/as.

En algún momento Silvia tuvo la inquietud de habilitar un espacio donde reunir a gente diversa en torno a una cena para compartir vida. O sea, generar un espacio vivo donde la gente se sintiese a gusto, acogida y escuchada para poner en común inquietudes, reflexiones, vivencias, experiencias…

Y como buena emprendedora, pasó del deseo a la acción y comenzó a organizar mensualmente “Cenas Adivina” en su casa que casi parece un lugar en las nubes. Ya desde la calle, la mirada se siente atraída hacia las alturas para aterrizar en un último piso donde aparecen cortinas de lucecitas que nos marcan el rumbo como pequeñas constelaciones, para seguir escalando hacia esa aventura de casa donde se aúnan distintos placeres de esos que nos esponjan el alma: una anfitriona que acoge, un espacio que recoge, una comida que nutre, unos vinos que expanden, unas y unos invitados que aportan y alguna persona que en cada velada, reflexiona sobre un algún tema de interés común.

Esa es la forma que Silvia ideo para dar paso de lo virtual a lo real tangible. En un momento como el actual, donde casi no encontramos el tiempo para compartir momentos y espacios desde el estar presentes más allá del mundo virtual, en Cenas Adivina, se crea un tiempo y un espacio para el disfrute de estar y compartir trocitos de vida de una manera placentera y sin tener que hacer el esfuerzo de demostrar nada: solo estar con los cinco sentidos activos en ese momento. Nada más y nada menos…

El viernes 27 de enero, Silvia me invitó a una de sus Cenas Adivina, para hablar de la gestión del tiempo y de las especiales dificultades que debemos enfrentar las y los profesionales autónomos para equilibrar tiempos de vida y de trabajo. Sobre todo, en el caso de las mujeres que solemos ir como “Malabaristas” por la vida tratando de llegar a todo porque, en tantas ocasiones, ese todo, no se comparte de forma corresponsable desde el entorno familiar.

Gracias Silvia por invitarme y gracias también, a toda su red “femenil” de colaboradoras que hicieron posible ese momento mágico: Rosa Marín, una fotógrafa que capta el alma más allá de las imágenes; a Tamara, la chef que igualó el festín de Babette con sus creaciones culinarias, y a Cristina, una Somellier que nos ilustró sobre los viñedos de su tierra gallega que dan vida y cuerpo a unos albariños fantásticos. Y gracias también, a todas y cada uno de los invitados que se animaron a compartir historias propias y mostraron un deseo profundo por seguir aprendiendo el arte de vivir la vida con sentido.

Un abrazo colectivo y no nos olvidemos de habilitar un tiempo para contar con tiempo propio¡¡

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