El sentido del humor y el “optimismo inteligente”: aliados poderosos para la vida

 

Vivimos una época de incertidumbre y pesimismo que expande sus ondas en el sentir colectivo como un maléfico aire que intoxica el ánimo y ciega la esperanza.

Quizá, por ello, pueda resultar frívolo y hasta ofensivo, hablar de las oportunidades que entrañan las crisis. Oportunidades habrá siempre, incluso en los parajes más yermos surgen brotes de vida entre la tierra asolada, pero no siempre estamos con ánimo para confiar en frases motivadoras que, a veces, se lanzan como recetas universales para la vida.

sin edad para la alegríaPor eso, hoy, prefiero pensar en otras posibilidades que nos generan bienestar a pesar de los pesares y con ellos: la actitud positiva y el sentido del humor.

Cuando algo nos acongoja, sentimos como un nudo en la garganta o en el pecho que oprime como un tentáculo insidioso sin dejar pasar el aire. Llegamos a expresar verbalmente “me ahogo” cuando la ansiedad se instala como invitada poco grata. No sentimos entonces presas de sensaciones de angustia o temor, y desde ese sentir, todo lo que nos rodea se nos presenta como un  un paisaje de gran desasosiego.

El aire es imprescindible para la vida así que debemos aprender a respirar, incluso los malestares. La respiración  consciente resulta una técnica poderosa para rebajar el estrés y la ansiedad, pero también respirar la vida, aprendiendo a relativizar los obstáculos del camino, es todo un arte que  requiere  de un aprendizaje continuado y consciente.

Y para ese aprendizaje, resulta de gran utilidad desarrollar el sentido del humor y no perder de vista el optimismo como estrategia para resistir los retos cotidianos que debemos enfrentar.

Instalar el pesimismo en el sentir colectivo,  es también una táctica para debilitar y generar sometimiento. La violencia y la agresividad, una respuesta aprendida para defendernos. Pero, si utilizamos el humor como arte de defensa ¿no estaríamos revolucionando las dinámicas perversas del poder sometedor? ¿No podríamos estar en condiciones de mayor fortaleza para estimular un pensamiento crítico como arma poderosa para crear oportunidad y cambio?

Y, si además, compartimos espacios de placer y nos rodeamos de gente y afectos positivos ¿no estaríamos revolucionando el sistema de opresión que nos aboca hacia el individualismo estéril?

La risa y el humor, aún en momentos críticos, son un bálsamo sanador. Más allá de los efectos fisiológicos positivos que produce, nuestro ánimo se re-coloca en lugares de mayor fortaleza y resistencia que no resignación.

Recuerdo momentos pasados de tensión en el trabajo cuando con Isa, compañera  inteligente y crítica con la que compartía risas y sinsabores de esa etapa laboral, nos poníamos a entonar la canción de José Mercé “Aire, aire…” Recuerdo como asomaba su cara de mujer adulta que no perdió nunca el gesto de niña “mala”, y empezábamos a tararear acompañando el cante con gestos corporales que resultaban de gran liberación emocional.

No cambiaba nada en lo externo aparente, pero sí se producía una transformación poderosa en la manera de sentirlo, procesarlo y encararlo en el adentro. Lo cual es todo un arte y un arma poderosa en momentos de penurias, y no sólo económicas.

Vamos a reír más, a compartir más, a buscar momentos para estar con la gente querida. Aliémonos con aquello que nos dé placer para resistir a la desesperanza.

Si nuestro cuerpo es nuestra casa más valiosa, dejemos que entre el aire y la alegría “pa la casa”.

Carmen Barquín

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