Taller de Pensamiento Positivo ¡Qué buen grupo!

Taller de Pensamiento Positivo en la Concejalía de Mujer de Rivas Vaciamadrid.

libertadEl verano dicen que no es tiempo propicio para trabajo de reflexión. Sin embargo, desde mi experiencia, puedo confirmar todo lo contrario. ¡El coaching pone las pilas!

Durante los meses de julio y agosto nos reunimos 21 mujeres, dos veces por semana en sesiones de tres horas de duración, para trabajar intensamente en un trabajo grupal de reflexión. El objetivo común se centraba en promover actitudes y habilidades para desarrollar la capacidad de adoptar un enfoque positivo a la hora de enfrentar los dilemas cotidianos en distintas áreas vitales.

Una vez más, fueron surgiendo factores psicosociales de género que limitan el poder de maniobra de muchas mujeres para tomar decisiones orientadas hacia su desarrollo personal o profesional sin el peso de la “culpa”. Priorizar el bienestar de las personas del entorno familiar por encima de las legítimas necesidades, es uno de los pensamientos más fuertemente arraigados que opera con intensidad constante.

Las creencias que operan en forma de mandatos, condicionan y distorsionan la percepción de muchas mujeres al confundir el cuidado de las relaciones afectivas, desde una ética de reciprocidad, con las autorrenuncias por “amor” ya sea hacia parejas, hij@s o padres…

Muchos de las dificultades o malestares expresados estaban íntimamente relacionados con creencias asentadas en principios y valores construidos y avalados socialmente desde un sistema sexista que aún hoy, opera con mucha eficacia. Cuando hablamos de roles y estereotipos de género no siempre tenemos en cuenta otra dimensión más compleja de transformar: la identidad de género.

La identidad de género se configurando desde la más tierna infancia a partir del proceso de socialización diferencial en el que todas y todos vamos aprendiendo, no sólo a ejercer los roles adscritos según nuestro sexo, sino, sobre todo, a incorporar subjetivamente el “deber ser” conforme a eso que se espera de nosotras.

¿Qué se sigue esperando de las mujeres?

Como expectativa general: incondicionalidad. Ya sea en el rol de madre, en el de hija, como compañera afectiva o como profesional, de las mujeres, en general, se sigue esperando incondicionalidad como parte del modelo del ideal femenino.

Esta expectativa que también forma parte de los propios mandatos introyectados, genera conflictos y una tensión constante entre el querer y el deber cuando se pretende transgredir el modelo impuesto e interiorizado.

De ahí que tantas mujeres encuentren especiales dificultades para la gestión del tiempo propio; para disponer de vínculos sociales más allá de la familia; para dedicar esfuerzos y economía al desarrollo propio, ya sea en lo más personal o en lo referente a mejorar la cualificación profesional; para poner límites, incidir y negociar en la gestión cooperativa de responsabilidad y obligaciones relacionadas con los cuidados vinculares y la gestión doméstica; para establecer relaciones equitativas con sus parejas sin confundir amor con renuncia; para negociar asertivamente en distintos entornos… Estos fueron muchos de los conflictos percibidos por las mujeres que participaron en el taller.

Como consecuencia, la salud integral se ve afectada. Este es otro de los indicadores que nos habla de una violencia estructural que de forma velada opera en distintos grados y niveles. Y es violencia, porque daña. Y es social, porque condiciona de mil modos el poder de decisión y capacidad de acción de muchas mujeres debido a prácticas discriminatorias que se dan en los entornos laborales, sociales, económicos y familiares, entre otros.

La culpa opera con mucha eficacia como autorregulación al deseo. La rabia como mecanismo emocional en respuesta a las autorrenuncias asumidas y no siempre percibidas. La baja autoestima, el autoconcepto distorsionado y la dificultad de autoafirmación, como indicador de sometimiento no consciente. La dependencia emocional, como aprendizaje de una educación sentimental que condiciona tendenciosamente la afectividad de las mujeres para desear más ser objeto del deseo de los otros que sujeta deseante…

Todos estos conflictos van encontrando cauces de salida y solución a través de la reflexión crítica y del autoconocimiento. Se trata de un proceso que implica de-construir lo aprendido e interiorizado como valor supremo del ser Mujer, hacia un nuevo proceso de autodescubrimiento donde cada mujer, va tomando conciencia de sí para diseñar las coordenadas de su vida con un mayor poder y autoliderazgo desde el aquí y el ahora de su momento vital.

Así fuimos trabajando, y de este modo, se fueron produciendo cambios positivos que las asistentes reflejaron en sus autoevaluaciones. El trabajo grupal con otras mujeres, aportó una dimensión poderosa para avanzar en lo individual a través de las dinámicas operativas y productivas que se fueron generando.

Este es el modo de hacer coaching grupal desde la perspectiva de género que yo propongo.
El coaching es una herramienta potente para ayudarnos a abrir nuestra mirada hacia una perspectiva más amplia de lo que somos, queremos y podemos llegar a ser y construir. Eso requiere un tiempo y también y, sobre manera, un compromiso personal para tomar conciencia de los miedos que nos frenan y de todos los recursos que nos habilitan para la vida.

Estoy muy satisfecha del trabajo compartido y agradecida a todas y cada una de las integrantes por su valentía y coraje para atreverse a mirar dentro de la caja de los miedos y compartirlos con las otras. ¡Qué buena táctica para exorcizarlos y avanzar! También por la energía positiva generada a pesar de ser un grupo tan extenso.

Ahora toca seguir trabajando para crear nuevas posibilidades. La vida, es orgánica, implica proceso y cambio. No podemos encontrar fórmulas mágicas en un minuto pero sí claves significativas para trazar nuevos horizontes sobre los que diseñar los escenarios deseados en el hoy.

Os deseo un buen y fructífero viaja hacia vuestras particulares Ìtacas.

Carmen Barquín

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