Somos en el hoy más allá del ayer que nos construye.

Durante una sesión de coaching con una clienta, pude comprobar, una vez más, como nuestras vivencias del pasado eclipsan tantas veces nuestras posibilidades de presente.

Esta mujer, tuvo  una infancia dura que interrumpió su niñez restándole posibilidades para ir avanzando en su adultez con seguridad y confianza en sí misma y en el mundo. La experiencia vivida condicionó su percepción de la realidad y también la autoconfianza en su poder personal para transformar su vida según las nuevas necesidades y deseos del ahora que pulsan hacia un cambio.

Repetía como un mantra: “no puedo , “todo el tiempo que perdí”, “soy insegura”… Cuando empezamos a revisar aspectos de su vida, fue narrando su percepción del hoy desde la mirada de una niña de 14 años. Y esa niña que algún día fue, ahora tienen 35 años, quiere imponerse hoy tomando el timón de su vida y el rumbo de sus decisiones. Todas llevamos una niña interior que conviene observar y atender para entender que, muchas de las dificultades percibidas en el presente, están ancladas en vivencias del pasado que marcaron una huella profunda en nuestra vida.

5Los aprendizajes que actúan como un lastre, no tienen por qué estar condicionados necesariamente por experiencias duras o traumáticas; simplemente fueron vividas en su momento con temor o angustia por la razón que fuese. Como no somos conscientes de ello, esos “aprendizajes” significativos, actúan como mecanismo defensivo en el presente al percibir como “amenaza” alguna situación que inconscientemente nos evoca lo vivido en el pasado. En esos casos, solemos actuar guiadas por impulsos emocionales que nos llevan a repetir una y otra vez el mismo patrón de respuesta con resultados negativos para nuestro bienestar.

Ahí se suele reafirmar nuestra idea errónea de impotencia.  El  “no puedo”, actúa entonces como una gafa distorsionada a través de la cual percibimos nuestro mundo interior. Este mecanismo de autosabotaje inconsciente, es el responsable de los fracasos que nos duelen y no la falta de capacidades, recursos  y de potencial vital.

Cuando esto ocurre, cuando la sensación de impotencia o inseguridad se instala en nuestra vida como amiga indeseable,  conviene revisar qué nos puede estar obstaculizando, cuál es el mecanismo que debemos modificar para  transformar nuestro poder de maniobra y avanzar hacia nuevos retos deseables. Debemos poner atención consciente para identificar la palanca de cambio que nos impulsará hacia espacios de apertura y autoconfianza.

Todas tenemos nuestra niña interior. Debemos conocerla, escucharla y atenderla desde la mujer adulta del hoy. Darle cobijo, cuidarla y aportarle seguridad siendo conscientes de todos los recursos disponibles que fuimos desarrollando a lo largo de la vida y que ahora son herramientas poderosas para enfrentar y superar las contingencias que surgen en el  día a día.

La perspectiva es una estrategia importante. Nos permite ampliar nuestra mirada sobre lo aparente para descubrir nuevas alternativas a explorar. Nos ayuda a comprender que somos mucho más de lo que a veces pensamos que somos o podemos ser. La voluntad es otra aliada poderosa. Cuando deseamos algo en profundidad, debemos poner voluntad para avanzar paso a paso  hacia ese sueño o meta que nos motiva.

El pasado construyó parte importante de lo que somos. Pero en el hoy, en el presente, tenemos la posibilidad abierta para trazar horizontes de futuro; tenemos la oportunidad de transformar el peso que nos lastra, en vacío creativo para acoger lo nuevo por vivir.

El vacío, al fin y al cabo,  siempre es un espacio creativo y abierto a lo posible…

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