Mi método de coaching se sustenta en un enfoque social, humanista y sistémico, e incorporo la perspectiva de género.

 Social, porque los contextos nos condicionan y también nos ofrecen oportunidades, por eso nos conviene tener en cuenta todos los factores que interactúan para buscar las estrategias más adecuadas que nos permitan actuar de manera operativa para lograr los cambios deseados. 

Humanista, porque en mi enfoque de trabajo la persona está en el centro del proceso, es la protagonista activa del mismo y la relación de ayuda, se articula para favorecer su máximo potencial atendiendo a sus peculiaridades, posibilidades y deseos particulares.

Sistémico, porque, en cuanto seres sociales, formamos parte de sistemas que interactúan y nos modelan: la sociedad, la familia, el entorno laboral y, también, nuestros paradigmas y sistemas de creencias.

Enfoque de género, porque aporta una mirada que nos permite tener en cuenta las barreras sexistas externas y en forma de "mandatos", que pueden estar frenando el desarrollo personal o profesional de las mujeres para acceder a iguales oportunidades, a un trato por igual y a sentirse en el derecho de diseñar proyectos de vida propios.

La observación atenta y el ayudar a pensar, más que el enjuiciamiento o el consejo, es una herramienta clave a la hora de acompañar y facilitar los procesos de coaching.

Nuestra misión de coaches, se centra en apoyar y facilitar puentes, que permitan a quienes nos piden ayuda, transitar desde un punto de partida –un objetivo deseable, una dificultad percibida-, hacia un nuevo lugar deseado, en el aquí y el ahora del momento presente de sus vidas.